Llegó tu bebé y aparecen las preguntas: ¿Podré hacerlo? ¿Por qué llora tanto? ¿Cómo sé si tiene hambre? ¿Estará bien? ¿Por qué se despierta tan seguido? ¿Cuándo va a dormir un poco más? ¿Estaré haciendo las cosas bien?
Y, al mismo tiempo, aparece una catarata de información. Videos, libros, cuentas de Instagram, otras mamás contándote su experiencia, sus consejos, lo que les funcionó y lo que no. Y son todos distintos. Porque sí, cada bebé es distinto. Y cada mamá también es distinta. Vos también.
Pero si hay algo que muchas familias tienen en común es la preocupación por el sueño, el suyo y el del bebé. Porque es una problemática familiar, porque si no duerme bien el bebé, no duerme bien la familia. Y escuchás hablar de los coaches del sueño, de métodos, libros, cursos, rutinas, horarios… ¿Necesito hacer todo esto para que mi bebé duerma?
Bueno, empecemos por el principio. Porque antes de hablar de métodos y rutinas, hay algo mucho más importante: entender cómo es el sueño de un bebé, qué podemos esperar de acuerdo con su edad y, sobre todo, qué podemos hacer para acompañarlo sin convertir el momento de dormir en otra fuente de presión para vos.
Primero hay que entender que cada etapa es distinta. No es lo mismo un bebé de dos meses que uno de seis, y hoy me quiero centrar en los primeros cuatro meses. Seguramente, una de las cosas que más te dijeron es que tu bebé necesita una rutina. Y sí, las rutinas pueden ser beneficiosas, pero no todavía. En estos primeros meses hay mucha variabilidad: cada bebé tiene su propio ritmo y, además, todavía está atravesando muchos cambios en su desarrollo.
Y vos también.
“Además de haber nacido un bebé, nació una mamá.”
Y vos también necesitás tiempo para acomodarte a esta nueva etapa, conocer a tu bebé y aprender a reconocer sus señales. No hace falta que todo esté organizado desde el primer día. En estos primeros meses, el objetivo no es que tu bebé siga un horario perfecto, sino acompañarlo mientras los dos van conociéndose y encontrando, de a poco, su propio ritmo.
¿Cuánto duerme un recién nacido?
Durante los primeros meses, un recién nacido puede dormir alrededor de 14 a 17 horas en total durante las 24 horas del día. Pero este número es orientativo: las necesidades de sueño pueden variar bastante de un bebé a otro y también de un día a otro.
A diferencia de lo que solemos imaginar cuando hablamos de “dormir”, en esta etapa el sueño no está concentrado durante la noche. Los recién nacidos todavía no tienen establecido un ritmo de sueño y vigilia como el de un niño más grande o un adulto, por lo que alternan períodos de sueño a lo largo de todo el día y la noche.
Además, los períodos que pueden permanecer despiertos suelen ser cortos. Un recién nacido puede mantenerse despierto aproximadamente entre 30 y 90 minutos antes de necesitar volver a dormir. Por eso es normal que, durante el día, los momentos de alimentación, cambio de pañal y vigilia se sucedan rápidamente y que vuelva a aparecer el sueño poco después.
No hay una cantidad exacta de siestas ni un número de horas de sueño diurno que todos los bebés deben cumplir. En esta etapa es más útil conocer estos rangos y observar cómo se comporta tu bebé que intentar que encaje en un horario determinado.
¿Por qué duerme tanto un recién nacido?
Adaptarse a la vida fuera del útero implica muchos cambios para un recién nacido. El sueño ofrece a los recién nacidos un descanso frente a los estímulos del mundo y favorece el rápido crecimiento físico que se produce durante esas primeras semanas. Por lo general, los recién nacidos pasan cerca del 70% de su tiempo durmiendo durante los dos primeros meses de vida.
Y ese tiempo de sueño cumple múltiples funciones. Mientras duerme, se va desarrollando su sistema de defensas y su sistema nervioso, se forman las redes neuronales y se reparan las cosas que se estropean durante el día. Además, cumple una función de “limpieza”, eliminando las sustancias que se van acumulando durante el día. Todo esto es fundamental para el desarrollo durante los primeros años de vida.
Ventanas de vigilia | Cantidad de siestas | Promedio de sueño en 24 horas |
|---|---|---|
30 a 90 minutos | Varía | 14 a 17 horas |
Señales de sueño:
- Bostezos
- Mirada perdida
- Se frota los ojos
- Irritabilidad o llanto
- Arquea la espalda

¿Cuándo empieza a formarse el reloj biológico del bebé?
En la etapa de la gestación, en el último trimestre del embarazo, el cerebro del feto ya empieza a desarrollar su reloj biológico. Y durante ese período, es la madre la que le pasa información: si estoy durmiendo, si estoy despierta, si estoy al aire libre. Entonces, si yo, como madre, en el último trimestre tengo unos horarios más o menos regulares de alimentación y sueño, y me expongo a la luz natural por las mañanas, le estoy dando información a mi bebé para que se prepare mejor y, en un futuro, la adaptación de ese reloj biológico va a ser mejor. Entonces, ya desde el último trimestre de embarazo, a vos, mamá, te va a convenir tener una rutina prolija de sueño, comidas, luz natural y noche, porque ya le estamos enseñando.
Esto no significa que podamos establecer de antemano cómo va a dormir un bebé ni que una determinada rutina durante el embarazo garantice un mejor sueño después del nacimiento. Se trata de señales ambientales que participan en el desarrollo de su reloj biológico, que continuará madurando durante los primeros meses de vida.
¿Puede un recién nacido tener un horario de sueño?
En estos primeros meses, es común preguntarse si ya deberíamos establecer un horario para que el bebé duerma. La respuesta es que todavía no es necesario seguir un horario basado en el reloj. Durante esta etapa, el sueño suele ser bastante impredecible y los períodos de vigilia son cortos, por lo que resulta más adecuado guiarse por las señales de sueño del bebé y por el tiempo que lleva despierto, en lugar de intentar que duerma a determinadas horas.
Esto tiene que ver, en parte, con el desarrollo de su ritmo circadiano, que es el sistema que ayuda a organizar los períodos de sueño y vigilia a lo largo del día y la noche. Este ritmo comienza a desarrollarse alrededor de los 2 meses y continúa madurando durante los meses siguientes, hasta alcanzar una mayor organización a los 6 meses. Por eso, entre los 3 y los 6 meses, el sueño puede empezar a volverse más predecible, aunque todavía puede haber bastante variación en la duración de las siestas y en los horarios de alimentación.
Entonces, durante los primeros meses, más que hablar de un “horario de sueño”, hablamos de reconocer sus períodos de sueño y vigilia y acompañarlos de acuerdo con su desarrollo.
Cómo va madurando el sueño
0 a 2 meses
Sueño todavía inmaduro
El bebé aún no tiene establecido un ritmo regular de sueño y vigilia. Los períodos de sueño y alimentación se distribuyen a lo largo del día y la noche.
2 a 3 meses
Comienza a desarrollarse el ritmo circadiano
El sistema que regula los ciclos de sueño y vigilia empieza a organizarse, aunque el sueño todavía puede ser bastante irregular.
3 a 6 meses
El sueño empieza a ser más predecible
Los períodos de sueño y vigilia comienzan a organizarse mejor, aunque pueden seguir existiendo variaciones en las siestas y en los horarios de alimentación.
Alrededor de los 6 meses
El ritmo circadiano está más desarrollado
El sueño suele presentar una organización más estable y es cuando empieza a tener más sentido hablar de horarios de sueño basados en el reloj.
¿Luz roja para dormir?
Durante miles de años, los seres humanos estuvimos expuestos a los cambios naturales de luz que se producen a lo largo del día: por la mañana, una luz más cálida y anaranjada; al mediodía, más blanca; y hacia el atardecer, nuevamente más cálida. Nuestro reloj biológico se desarrolló en relación con estos ciclos y utiliza las características de la luz como señales para interpretar en qué momento del día estamos y cómo debe ser nuestra actividad.
La luz roja, entonces, tiene una particularidad: actúa como una especie de “oscuridad virtual”, porque genera poca o ninguna respuesta sobre las células que transmiten esa información lumínica a nuestro reloj biológico. Al no activar significativamente estas células, el reloj interpreta esas condiciones como similares a la oscuridad y entiende que es momento de dormir. Es por eso que la luz roja puede favorecer un entorno que acompañe el sueño.
¿La temperatura del ambiente influye en el sueño?
La temperatura ambiental es uno de los condicionantes más importantes del sueño infantil. Para que aparezca el sueño, lo primero que hace nuestro organismo es comenzar a enfriarse internamente. En los bebés, esto puede observarse a través de la transpiración en la cabeza o de un pequeño cambio en el color de las orejas, que pueden ser señales de que están empezando a tener sueño.
Por eso, es importante favorecer esa pérdida de calor evitando una temperatura ambiental demasiado elevada. En verano, disminuir la temperatura del ambiente es fundamental, y el método más eficaz y seguro es usar ventiladores de techo. Desde que comienza a disminuir la temperatura corporal interna hasta que el bebé se duerme pueden pasar alrededor de 90 minutos, por lo que es importante que la temperatura del ambiente ya sea más baja antes de que comience el sueño.
¿Dónde puede dormir un recién nacido?
Durante el primer mes, el recién nacido suele necesitar mucho contacto físico y cercanía. Es habitual que permanezca cerca de su mamá o papá, contenido, mientras se adapta a la vida fuera del útero. Esta cercanía y contención también puede ayudar a que el reflejo de Moro, un sobresalto involuntario que puede aparecer durante el sueño, lo despierte menos.

Al mismo tiempo, es importante tener en cuenta las recomendaciones de sueño seguro del Ministerio de Salud de la Nación:
- Acostalo siempre boca arriba, en su propia cuna, al lado de la cama de los adultos.
- Usá un colchón firme, sin almohadas, chichoneras, juguetes ni peluches.
- Ubicalo con los pies tocando el borde inferior de la cuna y los brazos por fuera de la ropa de cama.
- Mantené un ambiente tranquilo y templado, y vestilo cómodo, sin exceso de abrigo.
- Mantené la casa libre de humo.
Consejos para el sueño del recién nacido: por dónde empezar
- La imprevisibilidad es común: Entendé que los patrones de sueño irregulares son normales y adecuados para el desarrollo a esta edad. Con el tiempo y con rutinas durante el día, el sueño se irá ordenando. Si buscás un "horario" para recién nacidos, muchas familias encuentran útil la rutina de comer-jugar-dormir durante los primeros meses.
- Prestá atención a las señales de sueño: Los bebés no siempre se quedan dormidos cuando están cansados, y eso puede ser confuso. Para facilitar las siestas y la hora de dormir, observá las ventanas de vigilia de tu bebé e identificá las señales de sueño antes de que esté demasiado cansado. Estas señales pueden incluir bostezos, irritabilidad y una mirada perdida o vidriosa.
- Ayudá a corregir la confusión entre el día y la noche: Si tu bebé duerme más durante el día que por la noche, intentá limitar cada siesta a 2 horas. La exposición a la luz es importante para establecer ritmos circadianos normales. Mantené las luces encendidas durante el día y oscurecé la habitación por la noche como parte de la rutina de sueño de tu recién nacido. Esto ayudará a resolver la confusión entre el día y la noche.
- Alimentá a demanda: A los bebés con hambre les cuesta dormir. Por eso se recomienda alimentar a tu bebé cuando tenga hambre, ya sea con leche materna o con biberón.
- Usá el sonido y el movimiento, y ajustá la luz: Probá hacer un sonido rítmico de "shhh" y mecer suavemente al bebé si está inquieto. Mantené un ambiente cómodo, tranquilo y con luz tenue cuando el bebé esté irritable o se acerque la hora de dormir.
- Cuidá la iluminación antes y durante el sueño: Durante la hora previa al sueño, evitá las luces blancas. Durante el sueño, la recomendación es mantener el ambiente completamente oscuro. Si necesitás una luz para poder moverte con seguridad, que sea cálida, de baja intensidad y dirigida hacia la pared, no hacia el bebé. Y no te olvides de prestar atención a pequeñas fuentes de luz blanca que pueden pasar desapercibidas, como las de relojes de mano, celulares o tablets.
- Usá el baño para marcar el paso del día a la noche: Durante los primeros meses, es importante favorecer el contraste entre el día y la noche. Una forma de ayudar a marcar ese cambio es incorporar el baño como parte de la transición hacia la noche. Al mismo tiempo, durante el día, favorecé la exposición del bebé a la luz natural y al ambiente exterior.
- El ruido blanco puede funcionar como inductor del sueño, pero no es fundamental para que el bebé duerma. Si decidís utilizarlo, tené en cuenta que no es recomendable dejarlo encendido durante toda la noche: puede utilizarse para acompañar el inicio del sueño y luego apagarse.



