Desarrollo

Una etapa que deja huella: el valor de los primeros años

Del embarazo a los dos años, el vínculo, el cuidado sensible y la disponibilidad emocional son tan importantes como la alimentación y los controles.

Una mamá y un papá sentados sobre una alfombra sostienen a su bebé y lo miran con ternura
Virginia Elisa Aboslaiman

Virginia Elisa Aboslaiman, Lic. en Psicología, MP 4264

Psicóloga perinatal

Publicado 5 de octubre de 2026

Hay etapas de la vida en las que en muy poco tiempo los cambios son gigantes.

Los primeros 1000 días abarcan desde el embarazo hasta los dos años de vida del bebé.

Durante este período, el bebé crece, su cerebro se desarrolla a una velocidad extraordinaria y comienza a construir las primeras formas de relacionarse con el mundo.

Mucho más que alimentación y controles

Cuando hablamos de primeros 1000 días, no hablamos solamente de alimentación, crecimiento y controles médicos. Hablamos también de vínculo, cuidado, disponibilidad emocional, contacto, palabras, miradas y experiencias cotidianas.

Un bebé necesita ser alimentado, pero también necesita que alguien pueda interpretar su llanto, sostenerlo cuando algo lo desorganiza, hablarle, mirarlo y responder a sus necesidades.

Ese intercambio con sus cuidadores va construyendo experiencias de seguridad, lo que llamamos apego seguro.

Estimular no es llenar de actividades

Por eso siempre me parece importante aclarar algo: estimular no significa llenar al bebé de actividades.

Muchas veces estimular es algo mucho más simple: Hablarle mientras lo cambiamos o bañamos, responder cuando busca nuestra mirada, dejarlo explorar, jugar, cantarle en los momentos de lactancia, mientras le damos el pecho o un biberón, sostenerlo, acompañar sus intentos.

Y comprender que el desarrollo ocurre dentro de una relación.

La evidencia sobre desarrollo infantil temprano muestra que, durante estos primeros años, existe una enorme plasticidad cerebral y que la nutrición, la salud, la seguridad, las oportunidades de aprendizaje y un cuidado sensible y receptivo trabajan en conjunto para favorecer el desarrollo.

Cuidar a quienes cuidan

Por eso, también es importante cuidar a quienes cuidan. Una mamá o un papá agotados, desbordados o atravesando una situación emocional difícil necesitan, también, una red que pueda sostenerlos.

Cuidar al bebé implica cuidar su entorno.

Una enorme oportunidad

Los primeros 1000 días no son una carrera para hacer todo perfecto. Tampoco determinan de manera irreversible el futuro de un niño.

Pero sí representan una enorme oportunidad para acompañar su desarrollo desde el comienzo. Y quizás ahí esté una de las ideas que más me importa transmitir desde la psicología perinatal:

“Antes de enseñar, un bebé necesita sentirse seguro. Antes de poder regularse solo, necesita muchas veces que alguien lo ayude a regularse. Y antes de conocer el mundo, empieza a conocerlo a través de quienes lo cuidan.”

Porque eso que hacemos todos los días, aun cuando parezca mínimo, es muchísimo.

Ideas clave

  • El desarrollo ocurre dentro de una relación: vínculo, contacto, palabras y miradas.
  • Estimular no es llenar al bebé de actividades. Hablarle, mirarlo y responderle ya es muchísimo.
  • Cuidar al bebé implica cuidar a quienes lo cuidan.
  • Los primeros 1000 días no son una carrera para hacer todo perfecto.

Bibliografía

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  • Black, M. M., Walker, S. P., Fernald, L. C. H., et al. (2017). Early childhood development coming of age: Science through the life course. The Lancet, 389(10064), 77–90.
  • Britto, P. R., Lye, S. J., Proulx, K., et al. (2017). Nurturing care: Promoting early childhood development. The Lancet, 389(10064), 91–102.
  • World Health Organization, UNICEF & World Bank Group. (2018). Nurturing Care for Early Childhood Development: A framework for helping children survive and thrive to transform health and human potential. World Health Organization.

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